La transición climática europea suma un nuevo instrumento financiero. La Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones han cerrado un acuerdo para movilizar 3.000 millones de euros destinados a anticipar inversiones vinculadas al nuevo sistema de comercio de emisiones para edificios y transporte por carretera (ETS2).
El objetivo es que los Estados miembros puedan adelantar actuaciones antes de que el sistema empiece a generar ingresos de forma plena, algo previsto para 2028. Aun así, desde el transporte profesional advierten de que aún falta concreción sobre cómo se distribuirán esos fondos y qué papel jugará realmente el sector.
Un fondo con muchas preguntas abiertas
El mecanismo permitirá a los países que ya hayan incorporado el ETS2 acceder a financiación anticipada. No obstante, todavía no se han publicado criterios detallados ni orientaciones prácticas que expliquen cómo se canalizarán las ayudas hacia empresas concretas.
Desde la IRU, la organización internacional que representa al transporte por carretera, señalan que el anuncio es positivo en términos generales, pero subrayan que sin reglas claras puede generarse un escenario desigual entre países.
Raluca Marian, responsable de la IRU para la Unión Europea, ha insistido en que el sector necesita certidumbre. En su opinión, si no se define de forma explícita cómo se apoyará la descarbonización del transporte comercial, los operadores podrían asumir mayores costes sin recibir un respaldo proporcional para modernizar sus flotas.
El precio del carbono y su efecto en el sector
El ETS2 incorporará un precio al carbono aplicado a los combustibles utilizados en el transporte por carretera. Eso significa que el coste del diésel y la gasolina podría aumentar progresivamente y trasladar una parte del esfuerzo climático directamente a las empresas transportistas.
Aunque el sistema generará ingresos importantes para los Estados miembros, no existe una garantía automática de que esos recursos se reinviertan de forma directa en el transporte profesional.
El sector defiende que la transición solo será viable si el incremento de costes va acompañado de instrumentos financieros accesibles para invertir en camiones de cero emisiones, puntos de recarga en bases logísticas, conexiones eléctricas reforzadas y despliegue de infraestructura pública.
Inversión elevada y riesgo para las pymes
La electrificación y el cambio tecnológico en el transporte pesado ya están en marcha, pero requieren inversiones importantes. Los vehículos industriales de cero emisiones tienen un coste inicial elevado, al que se suman los gastos asociados a infraestructura y adaptación operativa.
Para muchas pequeñas y medianas empresas, que constituyen la base del transporte europeo, la planificación financiera es esencial. Sin apoyo estable y predecible, la transición puede convertirse en un reto difícil de asumir.
Además, varios programas europeos de financiación vinculados a infraestructura y descarbonización están agotando sus recursos, lo que aumenta la preocupación sobre la continuidad del respaldo público.
La IRU insiste en que la implementación del ETS2 debe ir acompañada de una estrategia coordinada entre Bruselas y los Estados miembros. El transporte comercial por carretera, señalan, debe figurar de forma explícita en los planes nacionales que articulen el uso de estos fondos.
