El coche particular continúa siendo, con diferencia, el medio de transporte preferido en España. Según los Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2025, recogidos por Bipi, el 53,5% de la población lo utiliza como su medio de transporte habitual, muy por delante del 25,4% que recurre al transporte público. Los desplazamientos a pie representan el 16,3%, mientras que la motocicleta y la bicicleta mantienen una presencia claramente minoritaria como opción principal.

A primera vista, la fotografía nacional confirma lo que cabría esperar: España sigue siendo un país donde el automóvil articula buena parte de la movilidad cotidiana. Sin embargo, cuando se desagregan estos datos por edad y por tamaño de municipio, aparecen dos excepciones cada vez más marcadas que apuntan hacia dónde podría evolucionar esta tendencia en los próximos años.

El tamaño del municipio marca la diferencia

La variable que más condiciona el uso del coche no es tanto la edad como el lugar de residencia. En los municipios de menos de 10.000 habitantes, el coche es la opción principal para el 73,5% de sus residentes, mientras que el transporte público apenas alcanza el 10,9%. En estas localidades, disponer de vehículo propio sigue siendo, en la práctica, casi una condición necesaria para trabajar, hacer la compra o desplazarse a otros municipios cercanos, dada la menor densidad de líneas de autobús o tren.

El escenario se invierte en las ciudades de más de 500.000 habitantes, donde el transporte público se convierte en el medio preferido del 48,8% de la población. Una red de metro, autobús o cercanías suficientemente extensa permite en estos entornos prescindir del coche para buena parte de los desplazamientos cotidianos, algo que en un municipio pequeño resulta mucho más difícil de replicar con la oferta de transporte colectivo actual.

Esta diferencia explica, en gran medida, por qué el debate sobre reducir el uso del vehículo privado —a través de Zonas de Bajas Emisiones, restricciones de acceso o incentivos al transporte público— tiene una lectura completamente distinta según el territorio. Lo que en una gran ciudad puede plantearse como un objetivo razonable de movilidad sostenible, en una población pequeña puede percibirse como una limitación difícil de asumir sin alternativas reales.

Los jóvenes, el único grupo que prefiere el transporte público

La edad es la segunda variable que introduce matices relevantes en el uso del coche. Los jóvenes de entre 16 y 29 años son el único grupo de edad en el que el transporte público supera al vehículo privado como medio de desplazamiento principal: un 43,4% utiliza principalmente transporte colectivo, frente a un 34,3% que se decanta por el coche.

Esta tendencia se invierte por completo a partir de los 30 años, franja en la que el vehículo privado vuelve a ser claramente dominante. La explicación probablemente combina varios factores: entre los 30 y los 64 años aumentan los desplazamientos vinculados al trabajo, a la vida familiar y a actividades de ocio que resultan más difíciles de resolver con transporte público, al tiempo que suele mejorar la situación económica respecto a la etapa más joven.

El comportamiento del grupo de menores de 30 años tiene, además, una posible lectura estructural para el sector de la automoción: si una parte significativa de estos jóvenes mantiene sus hábitos de movilidad actuales a medida que cumple años, la composición de la demanda de vehículos podría cambiar de forma notable en la próxima década. El precio de adquisición de un vehículo nuevo y el menor poder adquisitivo de este grupo de edad respecto a otras generaciones son, previsiblemente, dos de los factores que más influyen en esta preferencia por el transporte colectivo.

El coche ya no es solo para ir al trabajo

Más allá de qué medio de transporte se usa, el informe también refleja un cambio en el propósito de los desplazamientos en coche. El vehículo privado ha dejado de asociarse casi en exclusiva al trayecto entre el domicilio y el lugar de trabajo, para responder a un abanico de necesidades mucho más amplio: actividades deportivas, gestiones familiares, planes de ocio, escapadas de fin de semana o desplazamientos entre ciudades.

Esta diversificación convive con una tendencia hacia la combinación de distintos medios de transporte según el trayecto, el coste o la disponibilidad en cada momento. Aunque solo el 16,3% señala caminar como su medio de transporte principal, otros estudios muestran que hasta el 65% de los españoles se desplaza a pie de forma habitual, mientras que el 44% utiliza el coche en entornos urbanos. En este último caso, factores como el tráfico congestionado, la falta de aparcamiento o la subida del precio de los combustibles condicionan cada vez más el uso del vehículo dentro de las ciudades.

Un modelo de movilidad más flexible, pero también más desigual

El resultado de todos estos factores combinados es una movilidad más flexible en su uso, pero también más desigual según el territorio. En una gran ciudad, buena parte de los trayectos en coche puede sustituirse por transporte público, bicicleta o desplazamientos a pie sin que ello suponga una pérdida relevante de comodidad. En un municipio pequeño, esa sustitución sigue siendo, hoy por hoy, mucho más difícil de plantear.

Esta doble velocidad también está transformando la relación de los conductores con el vehículo. Frente al modelo tradicional de compra y propiedad a largo plazo, cada vez son más los usuarios que buscan fórmulas que permitan adaptar el uso del coche a las necesidades de cada momento, con mayor flexibilidad y una gestión más sencilla que la que implica la propiedad convencional, un cambio que ya se refleja en el crecimiento de alternativas como el renting o la suscripción de vehículos.

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