Los peajes en las carreteras europeas están entrando en una nueva etapa. En los últimos años, cada vez más países están revisando cómo cobran el uso de sus infraestructuras y el transporte por carretera es uno de los sectores más afectados por estos cambios. Así lo viene advirtiendo IRU, que sigue de cerca la evolución de los sistemas de tarificación vial en Europa.
La principal novedad es que el peaje tradicional está dejando paso a modelos basados en satélite. Los sistemas GNSS, que calculan el uso real de la carretera a través de la localización del vehículo, se están convirtiendo en la tecnología de referencia para los nuevos peajes.
El cambio no es solo tecnológico. También tiene un impacto directo en los grandes corredores logísticos del continente, donde se concentran el tráfico internacional, el transporte de mercancías y buena parte de las políticas medioambientales.
Más satélites y menos barreras físicas
Según explican desde Axxès, empresa especializada en soluciones de peaje y miembro de la IRU, la implantación de estos nuevos sistemas avanza a ritmos distintos según el país, pero con una dirección común. Cada vez más redes de peaje apuestan por el GNSS frente a los sistemas clásicos de pórticos o microondas.
Países como Países Bajos ya trabajan en un modelo que cubrirá gran parte de su red de autopistas y carreteras principales. En Francia, regiones como Alsacia o el Gran Este siguen el mismo camino, sobre todo en zonas importantes para el transporte transfronterizo entre Alemania, Benelux, Suiza y el sur de Europa.
No se trata de proyectos aislados. Al contrario, estos nuevos peajes se están implantando justo donde el tráfico es más intenso y donde las autoridades quieren tener un mayor control del impacto ambiental y del uso real de la infraestructura.
Interoperabilidad sí, uniformidad no
Desde el punto de vista europeo, existe un esfuerzo claro por facilitar la interoperabilidad. Gracias al Servicio Europeo de Telepeaje, los transportistas pueden circular por distintos países utilizando un único dispositivo y un solo contrato.
Eso sí, interoperabilidad no significa que todos los peajes funcionen igual. Cada país mantiene su margen para fijar tarifas, aplicar criterios medioambientales o definir qué carreteras están sujetas a pago. Lo que sí se repite en los nuevos sistemas es la apuesta por el GNSS, lo que confirma que el futuro del peaje pasa por el satélite.
La transición tecnológica como gran reto
Uno de los principales desafíos para el transporte es la convivencia entre lo nuevo y lo antiguo. Mientras se despliegan nuevos peajes basados en GNSS, muchas flotas siguen utilizando dispositivos antiguos que funcionan con redes 2G, una tecnología que está desapareciendo progresivamente en Europa, lo que obliga a las empresas a actualizar sus equipos en un momento de cambios regulatorios acelerados. Además, existe otro riesgo añadido, y es que si muchos países activan nuevos sistemas GNSS al mismo tiempo, la demanda de nuevos dispositivos puede generar problemas de suministro, como ya ocurrió con otros componentes tecnológicos en años recientes.
Anticiparse para no quedarse atrás
La recomendación es no esperar al último momento. Tanto la IRU como los expertos del sector insisten en la importancia de planificar con tiempo la transición hacia dispositivos GNSS compatibles con redes 4G.
Actualizar los equipos de forma anticipada permite repartir la inversión, evitar paradas imprevistas y garantizar que los vehículos puedan seguir operando sin problemas cuando entren en vigor los nuevos peajes. Casos como el de Francia o Países Bajos, donde el fin del 2G llegará antes o poco después del lanzamiento de nuevos sistemas GNSS, refuerzan esta idea.
El apagón del 2G no es una amenaza futura, sino una realidad en algunos países. Suiza fue uno de los primeros en dar este paso y otros seguirán el mismo camino. Mantener tecnología obsoleta puede traducirse en sanciones, incumplimientos y problemas operativos.
