
Las asistencias en carretera crecen hasta un 50% durante los episodios de calor extremo en España. Así lo confirma el último informe de Autoclub Mutua, el mayor club de automovilistas del país, perteneciente al Grupo Mutua Madrileña, que ha analizado los datos de intervenciones registradas hasta 2025. La conclusión resulta contundente: el termómetro se ha convertido en uno de los grandes enemigos de la fiabilidad mecánica.
Un verano cada vez más exigente para el parque móvil
Durante la temporada estival, los conductores recurren hasta un 25% más a la asistencia de su aseguradora, una diferencia que se explica por la temperatura media más elevada. De hecho, casi 4 de cada 10 asistencias en carretera se concentran entre junio y septiembre, una proporción que evidencia hasta qué punto el verano condiciona el estado de los vehículos.
La evolución de la última década resulta todavía más reveladora. En 2016, Autoclub Mutua atendió alrededor de 219.000 asistencias durante los meses estivales. El pasado verano, esa cifra superó el medio millón, lo que supone prácticamente duplicar el volumen de intervenciones. No es casualidad: la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) catalogó ese periodo como el más cálido desde que existen registros, con tres grandes olas de calor y episodios en los que el mercurio rebasó los 45 grados en varios puntos del sur peninsular.
Javier Sabio, director de Autoclub Mutua, lo resume con claridad: existe una relación estrecha entre las olas de calor y las asistencias en carretera, que aumentan ante los mayores problemas de calentamiento que sufren los vehículos.
Qué se avería cuando aprieta el calor
El informe desglosa las causas de las intervenciones y dibuja un mapa bastante nítido de los puntos débiles del automóvil frente a las altas temperaturas.
El 38% de las asistencias en trayecto respondió a averías mecánicas y de motor. Dentro de este bloque, el sistema de refrigeración desempeña un papel protagonista: radiador, manguitos y bomba de agua trabajan al límite cuando la temperatura ambiente se dispara y el margen de disipación térmica se estrecha. A ello se suman los fallos en el sistema de alimentación —bomba de combustible, inyección—, así como incidencias en el cambio de marchas, el sistema de frenos, los amortiguadores o las pérdidas de aceite.
El segundo gran capítulo, con un 34% de los casos, corresponde a problemas de arranque y batería. Conviene desmontar aquí un mito extendido: aunque asociamos las averías de batería al invierno, el calor acelera la evaporación del electrolito y degrada los componentes internos, de modo que el verano actúa como revelador de baterías que ya estaban al final de su vida útil.
Los neumáticos concentran el 17,5% de las asistencias. El asfalto recalentado y una presión inadecuada forman una combinación peligrosa que multiplica el riesgo de reventón. Por último, menos del 8% de las intervenciones se debieron a accidentes de tráfico.
Híbridos y eléctricos: menos averías, pero menos autonomía
Uno de los datos más interesantes del estudio afecta a los vehículos electrificados. Los híbridos y los 100% eléctricos registran menos averías que los térmicos, tanto en fallos mecánicos y eléctricos como en incidencias de arranque o vinculadas a la batería. La menor cantidad de piezas móviles y la ausencia de un motor de combustión sometido a estrés térmico explican buena parte de esa ventaja.
Ahora bien, el calor extremo sí deja huella en su comportamiento. Según Sabio, resulta habitual que durante los episodios de calor intenso se produzca una ligera reducción de la autonomía. La razón es doble: por un lado, la batería necesita activar sus sistemas de refrigeración para mantenerse en su rango óptimo de temperatura, lo que consume energía; por otro, el climatizador funciona de forma prolongada y a plena carga, un gasto que en un vehículo eléctrico se descuenta directamente del alcance disponible.
Frente a este escenario, desde Mutua Madrileña recomiendan mantener la temperatura de la batería entre los 15 y los 30 grados centígrados y evitar la carga rápida, especialmente durante las jornadas más calurosas, ya que este tipo de recarga genera calor adicional en un momento en que el sistema ya trabaja bajo presión térmica.
Prevención: la mejor póliza antes de salir a la carretera
La lectura práctica del informe apunta hacia el mantenimiento preventivo. Revisar el nivel y el estado del líquido refrigerante, comprobar que el radiador y los manguitos no presentan fugas ni grietas, verificar la presión de los neumáticos en frío y solicitar un test de carga de la batería si supera los cuatro años de servicio son gestos sencillos que reducen de forma notable la probabilidad de quedarse tirado.
En los desplazamientos largos, además, conviene planificar las salidas fuera de las franjas centrales del día, cuando el asfalto alcanza temperaturas superficiales muy superiores a las del aire. Y en el caso de los eléctricos, estacionar a la sombra y recargar durante las horas de menor temperatura ayuda a preservar tanto la autonomía como la salud de la batería a largo plazo.
El cambio en los patrones térmicos ya se refleja en las estadísticas de asistencia. Anticiparse a él, con una revisión a tiempo, sigue siendo la forma más eficaz de que el verano no acabe en el arcén.